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¿Quién no se ha enfrentado alguna vez a lo largo de su vida con algún problema
imposible de resolver? . . .
Quizá entonces no supimos encontrar la solución por no habernos atrevido a pensar de un
modo diferente . . .
Varios ejecutivos se encuentran reunidos en un seminario de creatividad. El problema que
deben resolver es cómo unir dos cuerdas que, atadas a sendos ganchos y a considerable
distancia una de otra, penden del techo.
Sólo aquéllos que se atrevan a abandonar sus pautas habituales de pensamiento lograrán
encontrar la solución:
"¿Misión imposible o tontería genial?"
Por extraño que parezca, la siguiente escena es completamente real: « En una sala se
encuentran siete ejecutivos de una empresa, todos impecablemente vestidos y con un alto
grado de calificación en su trabajo. Frente a ellos hay un especialista en Relaciones
Humanas y Publicas, el cual, al comienzo de la reunión, les planteará un problema.
El asunto a resolver no se refiere a ninguna complicada operación financiera; se trata de
unir dos cuerdas que cuelgan del techo de la habitación.
El inconveniente es que las dos cuerdas, fijadas con clavos, están demasiado lejos una de
otra., de manera que, dada la longitud de las mismas, no llegan a unirse.
Comienzan a proponerse soluciones por parte de los integrantes del grupo; uno de los
ejecutivos propone colgar pesas de las cuerdas para que las mismas se estiren lo
suficiente para resolver el problema; otro, con el mismo fin propone mojarlas, un tercero
propone la utilización de un cinturón para unir ambos cabos.
Finalmente, uno de los participantes se sube a una silla, suelta de su clavo una de las
cuerdas y, tranquilamente, la ata a la otra. Asunto concluido. La solución era simple, en
ningún momento se dijo que una o ambas cuerdas debían permanecer atadas a sus clavos, la
consigna era simple: UNIR AMBAS por medio de un nudo.
¿Y para que ha servido todo esto?. A primera vista podría parecer una apuesta, un juego
de niños, o una manera muy eficaz de perder el tiempo. En realidad forma parte de un
curso destinado a aumentar la capacidad de innovación de sus participantes.
En este caso, la persona que unió las dos cuerdas superó con mucho a sus compañeros,
precisamente por pensar de una manera más creativa y por sobre todas las cosas,
práctica.
Todos los demás dieron por sentado que las cuerdas no podían moverse de donde estaban,
pero la verdad es que nadie les dijo que debía ser así. Lo que distinguió a este
participante de los otros es que se atrevió a introducir una variante.
Cursos de este tipo son cada vez más populares en el mundo occidental. Según una revista
empresarial: «Los mayores enemigos del éxito son la carencia de fantasía y una
perseverancia demasiado larga en los métodos tradicionales».
Por tanto, la capacidad de improvisación es vital para el futuro de una empresa. Si sus
empleados no la tienen, es necesario que la aprendan, pero, ¿esto es posible?
Toneladas de imaginación y ni un gramo de crítica.
De acuerdo con numerosos investigadores, sí es posible. La verdad es que no se trata
tanto de enseñar como de recuperarla. Todos somos creativos al nacer, pero a medida que
crecemos tendemos a perder nuestra habilidad. La técnica conocida como «brainstorming»
intenta sacarla de nuevo a flote.
Diversas pruebas han demostrado que los niños son nueve veces más creativos antes de
entrar a la escuela que al salir de ella. La vida escolar mata la creatividad, pues
fomenta sobre todo el pensamiento patrón y las respuestas convencionales.
Muy pocas personas logran mantener su creatividad hasta la edad adulta, y aquellos que lo
consiguen no están demasiado bien vistos. En cierta ocasión, un alumno de escuela
secundaria tuvo problemas con su profesora cuando ésta le pidió que dijera cuántos
números del uno al siete eran divisibles por dos. La respuesta del alumno fue
automática: TODOS. Un número impar también puede dividirse en dos partes iguales.
En otra ocasión, un profesor pidió a un alumno que averiguara la altura de un
edificio utilizando un barómetro. El estudiante ofreció dos soluciones: Una era tirar el
barómetro desde la terraza del edificio y cronometrar el tiempo en que tarda en
estrellarse contra el suelo; luego, utilizando la fórmula existente para calcular la
aceleración de un objeto, calcularía la altura.
La segunda solución era mucho más directa. Se busca al arquitecto responsable de la
construcción y se le pregunta. «Si me dice usted cuál es la altura de su edificio, le
regalo un magnífico barómetro». Desgraciadamente para ambos alumnos sus profesores no
compartían el gusto por la originalidad.
Es algo corriente que, cuando alcanzamos la edad adulta, estemos demasiado acostumbrados a
movernos dentro de las limitaciones, y aprender a librarse de ellas puede ser muy
provechoso. Es lo que le ocurrió al norteamericano Edwin Land cuando, tras fotografiar a
su hija en la playa, la pequeña le preguntó impaciente: «¿Por qué no puedo ver la
fotografía ahora mismo, papá?». En lugar de ofrecerle a su hija una explicación, Land
se hizo la misma pregunta: «En efecto, ¿Por qué no?».El resultado fue el invento de la
famosa cámara Polaroid.
Tanto los cursos de brainstorming como los de técnicas derivadas tienen un principio
común: apartarse de los caminos ya recorridos.
Cualquier cosa puede servir de base para una idea genial.
En primer lugar, moverse dentro de las reglas convencionales produce una sensación
psicológica de seguridad y, en segundo lugar, muchas personas no pueden evitar seguir
moviéndose dentro de los esquemas habituales.
Las causas han sido mencionadas anteriormente; casi todas las personas han recibido una
educación que les ha impulsado a pensar de un modo lógico y recto, lo que significa
decir sobre normas preestablecidas como únicas y no modificables; que, de hecho muchos lo
entienden así.
Significa que el hemisferio cerebral izquierdo, que se ocupa de este tipo de trabajos
mentales, domina al derecho, que es el que tiene a su cargo facultades como fantasía y
espontaneidad. Muy pocas personas están en condiciones de lograr una completa armonía
entre ambos hemisferios cerebrales, a menos que se entrene para ello o, mejor dicho, se
reeduque, de manera que pueda recuperar el pensamiento creativo que dominaba antes de
establecerse en su mente durante su larga etapa de educación los pensamientos lógicos,
razonables y rectos, que lo formaron para una estructura preestablecida.
Todos podemos incrementar nuestra capacidad creativa.
El pensador inglés Edward de Bond, hace unos veinte años acuñó el concepto de
pensamiento lateral, es decir, el que no se traza una línea recta para llegar a un
objetivo.
Su primer mandamiento es «comprender que una idea dominante puede ser un obstáculo, en
lugar de una ventaja». En los numerosos libros publicados por De Bond, ha indicado
incansablemente que cada persona es capaz de ampliar su propio pensamiento, incluso sin el
apoyo de un grupo.
Hay diferentes medios para lograr esto: Formación de analogías. Formación de
asociaciones. Formación de contrarios.
El experto en creatividad Rolf Cornelius recuerda que estas técnicas «por sí solas no
aportan ninguna soltura al cerebro». Unicamente una atmósfera de distensión puede crear
el ambiente necesario para que surjan las buenas ideas.
FUENTE: Revista "Muy interesante" Nº 27, Editorial García Ferré,
AUTOR: Alvaro de Arcos
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