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"Tan pronto como asumas que algo es
posible,
te esforzarás al máximo y encontrarás las herramientas
y las habilidades necesarias para lograr que suceda"
Richard Bandler.
Existen dos maneras fundamentales de "VER" el Ver visual que comunmente se
conocce como Visión Aural y el Ver cinestésico que llamamos Visión
Cinestésica y que se enseña en el
2º nivel de los cursos presenciales de Tensergética.
Este mensaje está destinado fundamentalmente a los practicantes de la Visión
Cinestésica.
...Hay cosas que se saben de otro modo, sin
que medien los pensamientos. Hay cosas que, por lo inusitado de su naturaleza, no pueden
entenderse conceptual o racionalmente, si no hemos aprendido a interpretarlas o admitamos
la posibilidad de su existencia. Hay además, profundidades del saber que no
pueden ser conocidas, interpretadas ni admitidas basándonos en el modo en que estamos
acostumbrados a experimentar y definir a a la realidad. En casos así, cuando vivimos la
excepcional circunstancia de enterarnos, por vez primera, de los contenidos que nos llegan
desde esas profundidades, necesitaremos reacomodar todos nuestros procesos de
reconocimiento e interpretación consciente, para convertir a ese mundo
"nuevo" en algo digerible a nuestro entendimiento, algo que pueda enmarcarse
dentro de los moldes de las cosas afines, cotidianas y seguras. Necesitaremos acomodarle
para coexistir en la medida de lo admisible. Hasta ese momento y mientras nos resulté
inviable, por sutil, indefinible o carente de un consenso, intentaremos abolirlo
como presencia para nuestros sentidos por más que se anuncie. Será fácil reprimirle y
discriminarle, basta sumergirnos nuevamente, en los ruidos que hacen real a lo
conocido.
Cuando atendemos al mundo de todos los
días, lleno de objetos reconocibles, que se corresponden con el modo en que habitualmente
representamos las cosas y sus significados, recreamos a un universo coherente y lógico,
porque podemos pensarlo y evaluarlo mentalmente, porque el YO se entera, en todo
momento, de las cosas cuando estas son pensables. Nos sentimos vivos e interactuando con
esa realidad, porque la reconocemos en la medida en que impresiona nuestros sentidos
conscientes primordiales, y nos permite ser testigos directos de lo que ahí ocurre. Así,
pensándolo todo, el supremo Yo pensante, participa e intercambia, pleno de
autoconsciencia, con las cosas que sabe y decide que existen además de él. "Te
siento, te escucho, te veo... pero fundamentalmente te pienso, luego existes".
"Existes, no tanto por ti mismo, sino porque estás a mi alcance
y te me haces claro para mí, es decir, porque puedo pensarte y reconocerte...
Me eres
familiar... Luego, tiene sentido que existas".
Este análisis tiene un propósito y
quiero continuarlo para exponerlo: <<Desde que tengo uso de la razón, todo
lo que conozco es pensable y solo pensando he podido enterarme de las cosas. Si no
te pensara, no me enteraría de tu existencia y si me enterara de tu existencia, de un
modo tal, que no sea pensándote o que no pueda mediar pensamiento
alguno, mi Yo se sentiría confundido, traicionado o "fuera del
Juego". En consecuencia, esa posibilidad es inasumible como modo alternativo de
reconocer tu existencia. >>
El Yo invierte los códigos de
lectura perceptual del mundo que habita, cuando le interpreta.
La realidad es siempre el elemento secundario, lo externo al Yo: <<Para que
todo tenga un sentido en este mundo, YO necesito poder pensarlo
enmarcándolo dentro de la perspectiva de cierto orden y siempre que YO
pueda enterarme de todo. Basándome en las premisas de que YO soy el
centro sapiente, todo lo demás es viable, en la medida en que me refleje.>>
En consecuencia, cualquier conocimiento
fuera del Yo, constituye una amenaza para todo aquel que tenga un mínimo de sentido
común. Incluso para aquellos que entienden lo que ahora estoy diciendo, y que están de
acuerdo conmigo. Porque, llegado el momento de realizar ciertos ejercicios, se
descubrirán atrapados en la misma trampa que ahora explicamos y comprenden, porque en
teoría todo es posible, pero en la práctica, hablar de "quitar al Yo del
medio", para poder enterarse de algo, resulta tan absurdo como
aparentemente imposible. Al
menos eso se creen... entonces es cuando recapacitan: "¿Cuando voy a poner en
práctica estas premisas que consigo entender intelectualmente?... No atino a otra cosa que preguntarme: ¡¿Que me pide el
profesor?!... ¡¿Que conocimiento puede haber, que existiendo, no sea consecuencia del
Saber del Yo?!"
Pero lo único
cierto es que, hay conocimientos que solo
pueden encontrarse más allá del sentir y del saber del yo, al que puede accederse
mediante un entrenamiento especialmente dirigido a a modificar la atención del sujeto, en
la medida que va dejando a un lado su necesidad compulsiva de controlar y pensarlo todo.
En la profundidad de nuestro silencio
interno, hay modos de conocer que pasan por alto al raciocinio y que son anteriores al
mismo raciocinio.
Dentro de cada hombre, hay un saber no
racional, tan inteligente, que constituyendo los fundamentos mismos de la inteligencia
racional humana, es capaz de crearla y sostenerla. Puede que, detener nuestros
pensamientos constituya una maniobra de apertura a otro entendimiento silencioso, por
cuanto nos permite atisbar los resquicios de ese saber ancestral y oculto.
Les hablo de la importancia operativa de
silenciar la mente, para acceder a modalidades de información originaria de los entornos
sutiles, y del conflicto que esto entraña en aquellas personas que no se conciben
experimentando nada, sin que su raciocinio participen directamente.
Puede que no haya opciones, tratándose de estas cosas: Si es cierto que existen registros
que podemos "escuchar", "más allá del sentir" y que nos
permiten saber de un modo tan peculiar, que nos enteramos de las cosas sin que
los pensamientos sepan nada del asunto... Es decir, si es cierto que podemos llegar a
"saber" de un modo tal, que nuestros pensamientos no intervengan en el proceso
de conocimiento, porque no puedan captar ni un ápice de lo que ahí se
"escucha"... entonces, cabría considerar la posibilidad de que, en casos
semejantes, hay que dejar a nuestra mente fuera del juego, si queremos enterarnos de algo
o para que ciertas cosas ocurran.
Este dilema se expresa, en toda su magnitud
en el segundo nivel de entrenamiento de Tensergética (Exploración Cinestésica). Los
alumnos tienen que aprender a disfrutar el hecho, de enterarse de algo, sin que el
Yo, (es decir, sin que ellos mismos) se hayan enterado del asunto, al menos
racionalmente. Deben incorporar, que los pensamientos puede ser innecesarios y lastrantes
para ciertas cosas, y que cuando se confunde el pensar, con el ser uno mismo,
entran en un conflicto paralizante. Porque, bajo esas premisas, quitar la mente,
significa quitarse a uno mismo, y por otra parte, enterarse sin que la mente
se entere, significa que, ellos mismos no se han enterado de nada. ¡¡Cómo
disfrutar de algo, de lo cual no se participa!!. Esta aparente paradoja, es solo un
absurdo y una trampa del yo consciente y aunque parezca improbable, no tiene fundamento.
La prueba es, que este singular dilema
constituye una experiencia habitual, en el segundo nivel, y la mayoría de los alumnos
logra vencerla y alcanzar los resultados esperados.
Para mí como profesor, llevarles a ese
punto, entraña una implicación total y hasta cierto desgaste intentando explicarme lo
mejor posible para hacerme entender, pero se recogen los frutos: Los participantes, van
descubriendo sus recursos ocultos y aceptándolos poco a poco, hasta que entienden que el
hecho de silenciar sus mentes no constituye una amenaza para su propio Yo, y que solo
entonces pueden ser capaces de sentir y experimentar vivencias imposibles de otro modo.
Vivencias extraordinarias y fundamentales para aquellos que deseen avanzar en el camino de
las terapias psicoenergéticas y en otros muchos caminos.
Sin pretenderlo, llegan a un acuerdo
amistoso, consigo mismo, que soluciona el dilema y les permiten conectarse con otro modo
de saber, otras modalidades de conocimiento sensorial "Más allá del
sentir" que parece difícil alcanzar, pero no lo es.
Utilizaré ejemplos directos, para dar una
idea mejor de las actitudes relacionadas con el proceso de aprendizaje de este tipo de
enseñanza no habitual, donde la mente es un estorbo:
El día anterior a escribir estas líneas,
impartía en Murcia un entrenamiento de exploración cinestésica a un grupo de alumnos
que ya habían realizado el primer nivel de Visión Aural.
Transmitida las técnicas y premisas,
practicaban entre ellos, utilizando sus manos como "escanneres", para
explorar los órganos internos de sus compañeros. Pasaban las manos a una distancia
de 15 a 30 cms de los órganos y definían perfectamente las características y patrones
sanos del corazón, pulmones, bazo, estómago, hígado, páncreas intestino etc...
Describían con precisión las sensaciones que sus manos le transmitían y que se
correspondían, para cada órgano explorado, con las descritas hace miles de años, por
los maestros taoístas
A pesar de tal proeza, llegado a ese punto
del entrenamiento, resultaba tan simple y rápido alcanzar ese saber, que no le
daban ninguna importancia. Ocurría además, que su mente no se enteraba del asunto porque
accedían a ese conocimiento, describiendo lo que sus manos sentían... ¡No era la mente
la que registraba esos patrones!, ¡no participaba!, se limitaba a atender, a ser un
testigo distante, y en consecuencia, a pesar del tremendo éxito, no podían saborearlo,
se sentían como si no se enterasen del asunto.
En momentos así, se expresa una
disociación entre el Nagual, la parte no racional y profunda que sabe de ese modo y la parte
consciente y pensante cuyo papel se ha limitado a describir lo que la otra percibe. Esa
parte pensante y superficial no considera el éxito como suyo. Ni siquiera considera que
haya éxito alguno. ¡No puede ser de esa manera!. ¡No es eso lo que yo esperaba!...
Para ellos, el YO ha quedado fuera
de la experiencia; era otra inteligencia la que hablaba mediante la mano, o en todo caso
era la mano la que se enteraba, no la mente, que mediaba como un simple
observador, describiendo lo que "oía" en la mano.
Les resulta difícil asumir, que de eso
precisamente se trata la práctica, por más que se le explicase. Y que, si los maestros
taoístas accedían a esas mismas definiciones y conclusiones, era porque
"escuchaban" a su otro saber, no a su mente, y que precisamente
le estábamos entrenando en ello. Porque el hecho de tener visión aural
garantizaba una importante apertura de todos sus sentidos
y un avance acelerado.
Ni siquiera eran
capaces de asombrarse ante el hecho de que sus apreciaciones personales,
correspondiesen casi en un 100%, con un conocimiento registrado en los libros más
antiguos de la medicina tradicional china. A pesar de la extraordinaria
evidencia, y de que se lo hacíamos saber. No creían en ellos mismos. No había asombro,
no había esplendor. Solo una sensación de "estar fuera del juego"
Por
supuesto, que nosotros como profesores, ya estamos acostumbrados a ese proceso gradual de
aceptación.
Este distanciamiento es común para la mayoría de los alumnos en los primeros
momentos, para el segundo nivel de exploración cinestésica y es la que espero
encontrarme siempre en cada curso. Es lo normal, pero da la medida de nuestro
condicionamiento y de lo poco dispuestos que estamos a reconocer nuestro propio valor.
Ese día, les explicábamos la esencia de Tensergética; que significa
"más allá del sentir" En otras palabras, que la intensidad y
calidad de las sensaciones y efectos posibles a experimentar, dependía de la medida en
que vaciaran, su mente de contenidos, para disponer del silencio imprescindible
como premisa para el acceso a esos finísimos registros que se encontraban en un sitio "más
allá de los límites de la percepción normal". Un espacio donde el pensamiento no
sirve de compañía, solo es un ruido. El sistema de enseñanza es suficiente y sólido
como para colocarles en ese punto, y aprendan a "saber" con sus manos, siempre
que sus mentes no participen, excepto como testigo distante y a pesar de que se sientan
como si se quedaran fuera. Es la actitud y la asimilación de las premisas transmitidas lo
que vale en ese caso. Es necesario ser consecuente con un conocimiento si quieren
conseguirlo.
Normalmente, se desea saber con la mente,
lo que la mente no sabe. La mente sabe pensar, y está condicionada a procesar datos
procedentes de los sentidos especializados en el reconocimiento de la realidad ordinaria.
La comprensión de que existe una forma de
saber oculta, y que podemos acceder a esa parte nuestra que sabe, es el fundamento del
entrenamiento del segundo nivel. Hay que aprender a escuchar a esa parte que sabe, a pesar
de que la mente no está invitada a participar activamente en el proceso del conocimiento,
sino como testigo del evento.
No se necesita pensar lo que las manos
oyen, Solo escuchar lo que nos dicen. Alcanzado el nivel de sensibilidad
y silencio requerido, solo
se necesita enfocar la atención en los cambios de las sensaciones que ya están
despiertas en las manos.
Por lo general en este segundo nivel,
buscamos objetivar la experiencia, para darles seguridad en si mismos y demostrar la
potencia del refinado sentido cinestésico alcanzado por el grupo. Se
utilizan un número de pirámides de cartulina y los alumnos deben ejercitarse en
técnicas especializadas que le permiten detectar un objeto oculto bajo una de ellas,
explorándolas a todas, a una altura determinada. La mayoría son consecuentes y siguen
las orientaciones disfrutando del éxito. Son capaces de realizar una maniobra perceptual
que pocos humanos de esta tierra alcanzan a vivir por desconocimiento. Sin embargo,
algunos disfrutan el éxito a media, por el mismo motivo: Porque solo pueden descubrir la
pirámide "premiada", cuando "escuchan" lo que la mano siente y no
cuando piensan donde está, y "así no tiene gracia"... Como no se
enteran mentalmente, no están satisfechos.
Sin embargo, Se sentirían de maravilla si
descubrieran el objeto oculto mediante una vocecita que les dijese susurrando en el oído:
"...el objeto oculto, está debajo de la cuarta pirámide" o
adivinándolo, de golpe o "viéndolo en una Visión", o por una
inspiración o impulso... Si lo descubriesen así, se sentirían fenomenales, todo sería
asombroso y extraordinario, aunque el éxito sea el mismo y los resultados idénticos,
a cuando exploran escuchando las manos... ¡Pero, no importaría!. Lo
importante es que lo descubrieron ¡Mentalmente!, escuchando a sus
pensamientos, siguiendo "su instinto" y no a la mano, que nada sabe...
¡¿Qué puede saber la mano o el cuerpo sin la mente!?. Además, no fue
necesario esforzarse, "la varita mágica tocó su frente y
¡pum!...¡¡Se hizo la Luz!!...
¡Qué Maravilla!"
Si participan los pensamientos, el éxito
se convierte en una eventualidad admisible y sólida, Solo entonces el Yo
estaría en la fiesta, como pez en el agua y se sentirían en la gloría al descubrir de
lo que son capaces, se sentirían fuertes, magos y sabios!... Pero, así somos todos. Es
lo normal.
Y lo que intento decirles, es que todos
somos, fuertes, magos y sabios, pero del único modo en que se puede ser así, no del modo
en que queremos ser así. Eso también es lo normal, pero lo hemos olvidado.
En los primeros momentos, resulta natural
que se tenga dificultades para escuchar a nuestro Nagual,
ese otro perceptor no racional, que hay en
nosotros y que sabe directamente ciertas cosas, sin
necesitar de la razón. Lo que pasa es que no nos concebimos interactuando con las cosas sin los pensamientos, porque
nos acostumbramos a su mediar y porque son la medida de uno mismo.
Eso le explicamos a los alumnos
que intentan abrir visión cinestésica. Para que
avancen, es necesario detenerse y hacerles conscientes de estas cosas. Por ese motivo,
ayer les comentaba al grupo la esencia del "MAKIURAYI" que es el fundamento de
la exploración cinestésica para cambiar su nivel de atención.
MAKIURAYI
no es una palabra Quechua, porque es un neologismo formado por dos
raíces Quechuas: Maki, que significa mano y URAYI, escuchar.
Los alumnos deben atenerse estrictamente a
ese principio, "Escucha tus manos", la metáfora es profundamente
funcional y lo asombroso es que lo hacen tan bien y aciertan tan ostensiblemente, que
cuesta verles tan insatisfechos consigo mismo en los primeros días de sus prácticas.
Como parte del
ejercicio, les orientamos
que, escuchando a las yemas de sus dedos, se explorasen la columna vertebral entre ellos.
Más de 95% de los hallazgos obtenidos fueron validos, en el sentido que llegaron a
diagnosticar (cuando exploraban a distancia y sin tocar la espalda) dolencias en
diferentes sitios de la columna, del compañero. ¡Más de un 95% de acierto, en su primer
intento y luego de escasos 10 minutos de adiestramiento!.
Corroboraron sus impresiones con los
problemas reales del sujeto explorado. Diagnosticaron sin tocar, con solo pasar los dedos
cerca del cuerpo, las dolencias de personas que solo tienen síntomas
ligeros, (No se trataba de verdaderos enfermos). Cabe pensar, ¡Que pasaría entonces, si
exploraran anomalías graves y evidentes de la columna aunque sean ocultas y profundas!?.
El éxito estaría garantizado. Nosotros esperamos ese nivel de aciertos tan elevado en el
grupo. Pero a ellos no les llama la atención. Es paradójico ese comportamiento y sin
embargo es normal.
Lo común en este caso, es que, a pesar de
la evidencia, los alumnos no se sientan satisfechos plenamente, por las razones ya
explicadas, hasta que su comprensión madure... llegaron a ese conocimiento sin que la mente
participara. La mente no sabe nada del problema y aunque "escucharon" sus manos
y acertaron, no obstante, insisten en saberlo todo mentalmente.
Los organizadores de los cursos y los
alumnos participantes que pertenecen a niveles avanzados de Tensergética, se
"desesperan" los primeros días, con los "nuevos" del segundo nivel.
se divierten o "Sufren" cuando ven que no son capaces de comprender y poner en práctica
"algo tan fácil" como lo que se le pide. Y olvidan que, en su momento,
ellos también pasaron
por lo mismo, y salieron victoriosos. Es así, y resulta una experiencia muy hermosa
y reconfortante verles ayudando a los "novatos". Este grupo, de Murcia, contó
con la comprensión y el apoyo incondicional pero estricto, de Toñi, Eulalia y Cristina.
A ellas mi agradecimiento.
Esta enseñanza de Exploración
Cinestésica, está destinada a los alumnos que desarrollaron diferentes niveles de
visión aural, en el entrenamiento anterior, de modo que ya son muchos más receptivos,
comprenden que pudieran existir realidades y operatividades alternativas. Tienen ese
conocimiento a su favor. Pero el entrenamiento de exploración cinestésica es
completamente nuevo para ellos, como lo fue también la enseñanza de la visión aural. Es
otro camino completamente diferente aunque relacionado.
Normalmente transitan por varias etapas en
este segundo entrenamiento, que se relacionan con las que transitaron en el primer
adiestramiento para alcanzar visión aural.:
1-Fase de desorientación y desconcierto:
¡¿Será posible!?
Los alumnos intentan comprender racionalmente lo que se les pide, pero
el conocimiento es tan nuevo y fuera de lo común, que no saben a que atenerse.
2-Fase de aceptación táctica:
¡Creo que ya sé como es!, ¡Tal vez
tez tenga que hacer ciertas cosas como las que ahora estoy pensando!
Al formar parte del entrenamiento, la actitud de los alumnos es
generalmente receptiva. Intuyen que es posible tener éxito, y asumen que tal vez sea
cierto lo que se les enseña a pesar de lo insólito, y que pudiera merecer la pena
probar. Como no han captado todavía la esencia de lo que se les transmite, establecen
hipótesis personales que intentan explicar "como pudiera ser" que
cosas así existan o puedan realizarse. Se sienten más cómodos al crear una expectativa
basada en una hipótesis más adaptada a sus creencias y que consideran funcional.
3-Fase de reajuste de la expectativa:
¡Evidentemente no es como
yo pensaba, no me ha funcionado... Tal vez deba seguir
estrictamente las indicaciones... Pero si quito a mi mente... Cómo voy a enterarme de algo!, ¡Probaré!,
¡Parece que realmente tengo que hacer lo que se me pide!
Al poner en práctica el conocimiento, descubren que la expectativa
creada es falsa y que es menos operativa y funcional, en la medida en que se aleja del
planteamiento original que el profesor transmite. Comienzan a sospechar que hay que actuar
conforme a las insólitas premisas que se le piden, y que no hacerlo les alejaría del
éxito.
3-Fase de toma de conciencia:
¡Creía que había entendido, pero
evidentemente no es así! ¡Ciertamente prestaba atención a lo que el profesor ha estado
diciendo desde el primer momento, pero no captaba la esencia del mensaje!, ¡La clave de
todo, la ha estado repitiendo desde el primer día!
En la práctica, el alumno comprende que,
algo hay de cierto en esa verdad, pero no sabe exactamente de que se trata todavía. Y
comienza a prestar una atención más dirigida a desentrañar las claves operativas del
conocimiento que el profesor insiste en transmitir. El alumno finalmente "ya empieza
a estar en la clase".
4-Fase paradójica de éxito y
decepción:
Hago lo que el dice, tengo éxito y
encuentro exactamente lo que se me pide, pero... ¡¡¡Sigo sin enterarme como!!!...
El alumno ejecuta lo aprendido, actúa conforme a las orientaciones,
lo mejor posible y "escucha a sus manos" de modo que encuentra registros
válidos y comprobables. Tiene éxito en su exploración, la
vivencia es tan poco racional y alejado
de los modos en que "las cosas se saben", que no lo disfruta.
5-Fase de reflexión y salto:
¡Será posible! ¿Acaso me estoy
enfrentando a un conocimiento de tal fineza y refinamiento que mi mente es un estorbo y
que acontece a pesar de mi mismo... tal y como lo dicen en los textos antiguos?!. ¡Es
asombroso.. Es extraordinario!
La intensidad de la reflexión y salto es
muy variable y personal. En dependencia de la sensibilidad, madurez intelectual, cultura y
conocimiento acumulado, los alumnos pueden llegar a diferentes profundidades de
reflexionamiento. Mientras más profunda sea la comprensión sobre la simpleza y
connotación de la enseñanza, y sus propias experiencias, más intensamente se
transformará su visión del mundo y de si mismo.
Como norma, se requiere de mucho más tiempo que lo que dura el entrenamiento para
que ese salto se complete en los más sensibles.
Las primeras cuatro fases, descritas
arriba, ocurren para cualquier ejercicio realizado. Transitar por ellas cuatro, puede
durar unos minutos y desencadena emociones y pensamientos que se añaden matizando la
participación.
El salto de la 5 fase, generalmente
acontece a finales del entrenamiento y mucho más adelante, cuando vayan adquiriendo
nuevas habilidades y conocimiento. Generalmente está reservado para los que incorporarán
definitivamente esta enseñanza.
Hay alumnos que "entran de
cabeza" en el juego, Parece como si no experimentaran ninguna de las fases, porque
están llenos de silencio y fluyen suaves como la brisa. Se dejan llevar por la
curiosidad, sin que ninguna emoción, pensamiento o expectativa les embargue, actúan como
si nada les importara y no se distraen con mis palabras. Escuchan mis orientaciones y..
¡Sencillamente juegan!... De más está decir que, por supuesto aciertan.
Por lo general, es necesario que destinemos
mucho recurso en tiempo, durante las prácticas, de Tensergética, para que comprendan
de una vez, lo que queremos transmitir: El modo en que deben asumir esta enseñanza,
lo que desean obtener, así como los medios de que disponen para conseguirlo. Pretendemos
adentrarles en un estado intenso de certeza, enfrentándole a sus propios éxitos,
haciéndoles experimentar en su misma carne la satisfacción de realizar una actividad que
rebasa todos los límites conocidos para sus sentidos cinestésicos.
La premisa cognoscitiva básica
de Tensergética, constituye en si misma un instrumento de calibración de los sentidos y el acto
de escuchar el silencio termina por desmontar las expectativas fallidas que les
condicionan y limitan. Pero nada es más convincente que la autoconfirmación de un hecho.
La fuerza de lo evidente les enfrenta a una verdad de tal índole, que puede remover sus
sistema de creencias. Sin casi saberlo se comienza a presentir que acaso existiese un
conocimiento silencioso, al que no se pudiera acceder analizando ni pensando, y que solo
es alcanzable para nuestra mente, si permanece vacía y atenta. Con solo sospecharlo
se intenta y ya funciona. Es asombrosamente fácil cuando comprenden lo que se les pide.
Pero hay que llevarles a ese punto de certeza.
Finalmente, los alumnos, asumen la
posibilidad. En el intento, rompen la inercia de sus hábitos, y llegan a disfrutar
la circunstancia de alcanzar a saber de otro modo. Ocurre para muchos. Y junto con ellos,
lo disfrutamos también, nosotros.
Saludos a todos.
Cristian
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